YAŞAR KEMAL, UNA VIDA FUERA DE LO COMÚN


Kemal Sadık Gökçeli nació en 1923 en Hemite, en el este de Anatolia, la antigua Cilicia, esa llanura entre los montes del Taurus y el Mediterráneo ahora conocida por su nombre turco, la Çukurova de agaes y jornaleros donde Kemal ambientará gran parte de su obra. Hemite era una aldea de apenas sesenta casas habitada desde el siglo xix por nómadas turcomanos. Sus padres habían huido de la región del lago Van al ser ocupada esta por los rusos en 1915, en plena guerra mundial. Por parte de su padre, descendía de un clan kurdo, y Kemal cuenta que su familia era la única de aquella aldea que hablaba kurdo; por línea materna descendía de un clan de bandoleros, y uno de sus tíos, apodado Mahiro, fue un bandido célebre, abatido a los veinticinco años tras fugarse de la cárcel de Van. Cuando nació, su padre tenía ya más de cincuenta años, y su madre, solo diecisiete. Kemal tenía un hermanastro mayor que él, que había sido recogido por su padre al encontrarlo abandonado durante la caótica huida de Van ante la llegada de las tropas rusas. Pues bien, un día en que Kemal, con apenas cuatro años y medio, estaba junto a su padre en la mezquita, Yusuf, que así se llamaba su hermanastro, acuchilló al padre, matándolo. El trauma sufrido provocó en él una tartamudez que tardó en superar. Un año antes había sufrido otra desgracia, al perder el ojo derecho cuando, durante la fiesta ritual del sacrificio del cordero, se aproximó imprudentemente en el momento en que su tío degollaba el animal. Como era costumbre en aquella época, uno de los hermanos de su padre adoptó a la madre de Kemal como segunda mujer.

Cuando tan solo tenía ocho años, un día un buhonero llegó a la aldea. Vendía de fiado artículos de mercería a las mujeres y apuntaba todo en una libreta. Kemal se acercó intrigado: «¿Eso qué es?». El buhonero le explicó que anotaba las deudas para que no se le olvidaran. Por aquel entonces, no había nadie en Hemite que supiera leer y escribir. Kemal habló con su amigo Mehmet, ambos decidieron que tenían que aprender a leer y escribir y se presentaron, tras una hora de caminata y atravesar el río en una balsa, ante el maestro de Buhanlı, donde se ­hallaba la escuela más próxima. Para convencerlo, Kemal le prometió que aprenderían a leer y escribir en tres meses y que luego lo dejarían en paz. El maestro les preguntó si al menos tenían un par de zapatos, un cuaderno y un lápiz, y, ante su desconcierto, acabó ofreciéndoles unas monedas para que se compraran un cuaderno y un lápiz. A los tres meses, cuando Kemal quiso despedirse de él, no le permitió abandonar la escuela. [...]



Kemal pasó por todo tipo de trabajos: vigilante de regadíos, bracero agrícola, tractorista, maestro… En Adana conoció a algunos militantes socialistas que habían regresado a su país tras el fracaso de los espartaquistas en Alemania. A ellos debió su toma de conciencia política, pero también su inmersión en la narrativa europea. Fue entonces cuando comenzó a escribir sus primeros cuentos y su primera novela, intervenida durante un registro policial y que nunca recuperó. Tras diversas detenciones, se estableció en Estambul, donde comenzó a colaborar con el prestigioso diario República con el seudónimo Yaşar Kemal, que ya no abandonará, a fin de eludir el acoso policial y las prohibiciones gubernamentales. Así fue hasta 1963, en que el Gobierno consiguió su despido, junto al de otros diecisiete colaboradores del periódico.

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